La relación entre ejercicio y estado de ánimo suele presentarse con exageración ("el ejercicio cura la depresión") o con escepticismo excesivo. La realidad, respaldada por evidencia consistente, está en un punto intermedio: el ejercicio moderado tiene un efecto real y medible sobre el ánimo, aunque no sea una solución única para todo.

Qué pasa en el cuerpo al moverse

La actividad física moderada libera endorfinas y regula neurotransmisores asociados al estado de ánimo, como la serotonina y la dopamina. También reduce niveles basales de cortisol con el tiempo, lo que se traduce en menor reactividad al estrés cotidiano.

No hace falta entrenar intenso

Caminatas de ritmo ligero-moderado, de 20 a 30 minutos, varias veces por semana, muestran beneficios sobre el ánimo comparables en muchos estudios a rutinas de mayor intensidad. Esto es una buena noticia para quienes evitan empezar a hacer ejercicio porque asocian "hacer ejercicio" únicamente con entrenamientos exigentes.

La constancia importa más que la intensidad

El efecto sobre el ánimo tiende a ser más notorio con la repetición semanal sostenida que con sesiones puntuales intensas. Tres caminatas de 20 minutos por semana, mantenidas en el tiempo, suelen tener más impacto en el estado de ánimo general que un entrenamiento intenso aislado una vez al mes.

Un límite importante

El ejercicio es una herramienta complementaria, no un sustituto de tratamiento cuando hay un cuadro de depresión o ansiedad clínicamente significativo. En esos casos, es una pieza más dentro de un plan que debería incluir evaluación y, si corresponde, tratamiento profesional.